Y fue ahí donde le encontré por primera vez tras colinas que se yerguen selváticas, donde valles con profundos bosques en los cuales no ha resonado nunca el ruido de un hacha. Había angostas y oscuras cañadas donde los árboles se inclinan fantásticamente, y donde discurren estrechos arroyuelos que nunca han captado el reflejo de la luz del sol. En las laderas menos agrestes hay casas de labor, antiguas y rocosas, con edificaciones cubiertas de musgo, rumiando eternamente en los misterios de días ya enterrados en el tiempo; ahí donde oscuras y felinas formas se agazapan furtivamente entre las sombras.
Decir que su dulce y encantadora voz me devolvió a la vida no seria faltar a la verdad, ya que encontrándome en el umbral de la muerte, un antiguo rumor de viejos y añorados días olvidados me rescato, invitándome a volver de ese reino de pesadillas y penumbras, donde malévolas y titánicas figuras acudían a mi encuentro para apresarme entre sus garras. Su voz que me devolvió la cordura, era como el musitar de una primavera perdida entre mis recuerdos, donde añorados y cálidos días transcurrían con el melodioso cantar de pájaros.
Al abrir los ojos un cándido y risueño rostro me daban la bienvenida, una primorosa y cautivante mirada color esmeralda, con el calor del sol me devolvían de mi letargo, entre los cuales permanecer perdido por siempre, en el encanto y misterio que revelaban, era algo que comenzaba a ansiar con locura. Y aun así, ante tan esplendorosa silueta, dudaba, temía, si la visión ante mis ojos no era tan solo un lánguido remanso de paz, un postrero obsequio de la buena fortuna, un ultimo gesto de compasión y de fugaz regocijo antes de caer en el olvido.
-No es para tanto una cortadita tan solo
-Vamosque no ha llegado tu hora
Me decía, mientras atendía la herida que tenia en mi costado, ardiendo como podría hacerlo las brasas del tártaro, y humeando aun con la putrefacción que dejo ahí emanando el arma que lo produjo; con tanta prontitud y habilidad lo hacía, que comencé a sentir cierto alivio a mí ya lacerado, fatigado y tumefacto cuerpo. Mientras una pequeña figura canina-que le hacia de compañia- me lamia de forma amistosa una mano, y yo recobrando un poco de mi vigor podía acariciarle, a esta pequeña figura de pelaje multicolor, color de arcoiris.
Pero de pronto, trayéndome de vuelta a la realidad de ese refugio de ensueño, la amenaza de forma ominosa volvió a empantanar mi alma. Mostrándome el paisaje en donde nos encontrábamos, plagado de cuerpos de aberraciones sin nombre, de monstruosidades ya caídas, cuya sangre verdosa y fétida se encontraba dispersa alrededor del claro, otrora un lugar donde vida y la naturaleza podían permanecer imperturbables. Hasta que el horror cobro forma y surgió de las fauces del infierno. Sabio fue aquel quien dijo:
"Bendita la tumba donde ningún hechicero ha sido enterrado y felices las noches de los pueblos donde han acabado con ellos y los han reducido a cenizas. De antiguo se dice que el espíritu que se ha vendido al demonio no se apresura a abandonar la carne, sino que ceba e instruye al mismo gusano que le roe, hasta que de la corrupción brota una vida espantosa. Excavadas son, secretamente, inmensas galerías donde debían bastar los poros de la tierra, y han aprendido a caminar unas criaturas que solo deberían arrastrarse."
La primera que se percato, por anticipado del peligro inminente fue la pequeña felina, dueña de esa percepción legada por esos reyes de la selva, herederos de los secretos de la remota y siniestra África; quien paso de su estado afable y bienhechora a asumir una postura de alerta, mirando fijamente hacia una dirección inmediata, en donde ramas y troncos parecían partirse como si de simples palillos se tratase, donde una colosal e informe criatura, algo parecida a un crustáceo blanquecino y de ojos fosforescentes se habría paso de forma implacable y atroz.
Y fue entonces que nos vimos los tres ante la aborrecible y ciclópea forma que cubría por entera nuestra visión, Scarlet, con su imperturbable semblante blandiendo ferozmente su espada, se aprestaba para atacar. La otrora tierna y pequeña forma felina era ahora un centellar de brazas y rugidos enfurecidos esperando la orden de su ama para embestir !!
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